Puso llave a la puerta, las luces apagadas no dejaban ver nada, se preparaba para dormir con solo su fiel bóxer de color negro, se dirigió a la ventana, abriendo las cortinas para que la luz de la luna iluminara un poco.
Sus ojos dorados miraron las estrellas, un suspiró escapó de su garganta. El día había sido pesado, pasear por todo Brasil y con todo ese ruido por el carnaval no era fácil y más cuando gente a medio vestir te toqueteaba por donde quiera que pases.
– “Pero, finalmente, a descansar” – sonrió – ¿Qué demoni… – bruscamente sus bóxers fueron bajados. Miro con a su alrededor tratando de divisar algo, buscando al atrevido que hizo eso.
Nada.
Miró hacía abajo, donde su prenda yacía, se iba a inclinar volvérsela a poner, pero se detuvo. Y se volvió a parar.
– ¿Quién fue? – gritó fuertemente, no caería en eso, era peligroso agacharse sin nada cubriendo su trasero.
Nada.
1 comentarios:
jajajajaja
no, definitivamente no es confiable agacharte con semejante desventaja
como diría la vox populi: "así se me han perdido muchos".
Y sí... así se han perdido muchos.
Al menos de mis amigos... te puedo mencionar al menos a 3...
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